Por Juan Scaliter, periodista científico especializado en eduación y actividades para el público infantil.

De acuerdo con una reciente encuesta el 95% de los jóvenes entre los 12 y los 17 años están conectados a internet (puedes consultar los datos aquí). De ellos, casi un cuarto lo hacen constantemente. Entre todas las redes sociales, la mayoría se inclinan por Facebook, aunque un 71% forman parte de más de una red social.
¿Se puede sacar partido de esto? ¿Podemos aprovecharnos de ello para vincularlo a la enseñanza? No solo podemos, sino que debemos. Y si tomamos las redes sociales como una herramienta educativa, el cambio en los alumnos puede ser, parafraseándose sus códigos, viral.

juan scaliter
Juan Scaliter

Lo primero que hay que comprender es que ellos viven inmersos en las redes, pero en la acepción menos virtuosa de ella, en la que atrapa, la que los hace cautivos porque, a riesgo de ser redundante, los cautiva. El primer paso es modificar esto convirtiendo a las redes a su segunda acepción: la herramienta para conectar.

El 95% de los jóvenes entre los 12 y los 17 años están conectados a internet

El primer paso sería crear un grupo de Facebook (cerrado para garantizar la privacidad de los alumnos y con un docente como moderador para determinar quién ingresa en él y qué contenidos se ven) formado por tres o más escuelas de diferentes países. Si se trata de distintas zonas horarias, mejor aún. Todo estotiene varios propósitos.

El primero de ellos es introducirse en internet con los alumnos. Del mismo modo que para generaciones pasadas lo que se veía en televisión era “verdad”, para ellos, lo que se publica en la red es igual de verídico. Llevarlos de turismo por la red les permitirá ser críticos en cuanto a lo que encuentren. Un ejemplo: recientemente la prensa publicaba en decenas de cabeceras que “Una copa de vino equivale a una hora de gimnasio, según un estudio”.

La realidad es que el citado estudio dice que habría que tomar entre 100 y 1.000 copas para equiparar los efectos (consulta la información aquí). Pero lo que les llega a ellos es que el vino es igual al gimnasio. Lo mismo ocurre con el mítico uso del 10% del cerebro, la cantidad de especies que se pierden a diario por la deforestación, etc. En una época en la que internet les da acceso a todas las respuestas, enseñarles a dudar, estimularlos a preguntar es un paso imprescindible para que sean críticos con lo que les dirán y, mejor aún, cuidadosos con lo que dicen, ya que alguien podría cuestionarles a ellos.

Llevarlos de turismo por la red les permitirá ser críticos en cuanto a lo que encuentren

El hecho de que sean de distintos países obedece a que, primero, practiquen idiomas, segundo a que aprendan a escribir cartas, a comunicarse correctamente por el canal escrito, tanto en lengua nativa como en otras. Y que sean de diferentes husos horarios tiene dos objetivos. El primero es que cuando lleguen a clase se encuentren con una respuesta, algo que estimula el compromiso y, por otro lado, que ese compromiso también lo lleven fuera del aula, que lo compartan con su circulo de amistades y familiares.

Crear un grupo con estas premisas permite abordar casi todas las asignaturas y no solo para compartir conocimientos, sino para estimular la imaginación.

Algunos ejemplos:

Biología

Vivir en diferentes latitudes permite conocer distintas especies, pero, mejor aún, comparar aquellas similares para deducir diferencias por cantidad de horas diurnas, temperatura, alimentación… Se puede tomar como el viaje de Darwin a bordo del Beagle, solo que desde clase. Eventualmente se puede tomar hasta como un trabajo científico para publicar, algo que, más allá del contenido curricular, les enseña a preparar determinados objetivos, cumplir plazos, trabajar en equipo.as

Matemáticas

Los números son un lenguaje universal. No necesitan de las palabras. Los profesores pueden lanzar el desafío de que la clase construya un enigma matemático, fácil de interpretar mediante dibujos, para enviar a otro colegio. Y recibir otro a cambio. Una suerte de JJOO de las matemáticas. Esto no solo les enseña lógica, matemática, colaboración, también les estimula a utilizar diferentes talentos y a utilizar el pensamiento alternativo.

Ciencias sociales

“Las historias de cazadores serían distinta si las escribieran los leones”, asegura un refrán africano. A este respecto puede resultar enriquecedor, sobre todo para los alumnos mayores, descubrir cómo un mismo evento histórico se puede ver desde diferentes prismas, según la cultura, la nacionalidad o la implicación que tengamos con ellos. Esto puede estimular la polémica, la empatía y el descubrimiento. Pero también el pensamiento crítico que mencionamos anteriormente.

En una época en la que internet les da acceso a todas las respuestas, enseñarles a dudar, estimularlos a preguntar es un paso imprescindible para que sean críticos con lo que les dirán y, mejor aún, cuidadosos con lo que dicen

Estos son solo algunos ejemplos, pero el objetivo de vincularse a las redes sociales es enseñarles competencia. Sí, exactamente eso: competencia. Pero no la que tiene que ver con ser competitivos, sino la relacionada a ser competentes, que, como señala la RAE, es “pericia, aptitud o idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado”. Esa es la competencia que habría que estimular en los alumnos. Y las redes sociales lo permiten.


Juan Scaliter es periodista científico. Lleva más de 20 años en el ámbito de la divulgación, especializándose en el área de educación y actividades para el público infantil. Ha colaborado con Muy Interesante, Quo, Geo, CNN, La Sexta, RNE, RTVE y Principia Kids, entre otros medios españoles.  Hasta la fecha, ha publicado tres libros de divulgación que han sido traducidos a otros idiomas. Actualmente está escribiendo su cuarto libro para la editorial Random House sobre los desafíos de la educación en los próximos años.

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.