Por Lucía Sicre, periodista y colaboradora de BlinkEdTech

El nuevo papel del profesor en la era de la tecnología y la información

Muchas veces hablamos sobre la importancia de innovar en materia de educación y de cómo la tecnología puede ayudar a los docentes en esa tarea de modernizar sus métodos y acercarse al alumno. Las nuevas tecnologías, el flujo constante de información y las múltiples posibilidades a la hora de comunicarnos que éstas nos ofrecen, abren un abanico inmenso de posibilidades educativas. Sin embargo, la realidad es que, para que el papel del profesor en la era de la tecnología y la información esté a la altura de este nuevo entorno, es necesario un paso previo, un cambio interno que afecta de lleno a los propios educadores.

De esto sabe mucho César Bona, toda una referencia educativa y finalista en los Global Teacher Prize, el pasado 2015. César Bona –maestro que enseña 5º de Primaria en el colegio público Puerta de Sancho de Zaragoza-, nos ofrece un amplio abanico de ideas con las que empezar a imaginar el papel del profesor que viene: ¿Cómo tiene que ser un buen maestro? ¿Qué cualidades debe fomentar en los niños? ¿Qué prácticas debe dejar atrás?

Las nuevas tecnologías, el flujo constante de información y las múltiples posibilidades a la hora de comunicarnos que éstas nos ofrecen, abren un abanico inmenso de posibilidades educativas

Para César, ser un buen maestro es cuestión de actitud. Se trata de contagiar con ella a los niños y de adentrarse sin miedo en esa “piscina infinita de imaginación” que pueden ser las aulas. Educar en valores y colocar el respeto en la cúspide de la pirámide educativa es otra de sus propuestas, inculcando en los niños en la empatía, la sensibilidad, el conocimiento de las emociones… y, por supuesto, la curiosidad. A su juicio, es “antinatural que los niños la dejen fuera de clase” para adentrarse en ellas y dedicarse a atender a la lección para luego repetir conocimientos.

Al contrario, su propuesta se basa en atender a cada niño, escucharle y entender su universo para hacer que brote de ellos lo que los convierte en únicos y especiales:


“Escuchemos a los niños y niñas; tengamos en cuenta el factor humano antes que la medida de los conocimientos; recordemos que cada niño es un universo y que cuanto más difícil sea el niño, mayor ha de ser nuestro reto (y en la mayoría de los casos bastará ver que lo único que necesitan es cariño). Y nunca, nunca se puede medir con la misma vara: por mucho que no lo crean algunas personas, las emociones o la felicidad no se pueden calibrar y también hemos de educar para darles las herramientas para que las encuentren por sí solos. Ésa debería ser nuestra misión como maestros.”

César Bona


Educar en valores; inculcar el respeto

El primer cambio que nos ofrece Bona está en la actitud del propio docente. Establece que los maestros tienen la importante posibilidad de ‘educar en manada’, y por lo tanto ser ejemplo para los niños. En la batalla por crear una sociedad mejor, las aulas han de ser el primer paso, y una actitud positiva y cercana por parte del profesor son un buen comienzo.

En la misma línea de mejorar la sociedad de mañana educando a los niños de hoy, el profesor lucha contra el tópico de ‘en la escuela se enseña, se educa en casa’. Afirma que es fundamental formar a los adultos del futuro en valores de empatía, sensibilidad y respeto, ayudándoles a desarrollar su inteligencia emocional: “Escribir correctamente es lo que siempre se ha pedido en la escuela y faltan muchas más cosas por pedir, entre ellas convivir con los demás.”.

La tecnología está funcionando bien en este sentido, sobre todo como espacio para intercambiar ideas e iniciativas

Al profesor le gusta hacer pensar tanto a niños como a adultos y en sus ya habituales charlas suele repetir una frase que da para hacerlo un rato: “Los niños no pueden cambiar de trabajo”. Puede parecer una conclusión obvia, pero tiene un trasfondo importante. Y es que un niño descontento con su escuela es un niño sin incentivo alguno para progresar y aprender, dado que no tiene un horizonte más allá del aula.

Por ello es importante fomentar su curiosidad y creatividad, generar incentivos para que sean ellos los que busquen la escuela y no al contrario. Es aquí donde juega un papel importante la tecnología, tal y como nos relata Bona:

“Es una buena herramienta para el aprendizaje. En la práctica, la tecnología está funcionando bien en este sentido, sobre todo como espacio para intercambiar ideas e iniciativas, lo cual enriquece mucho. Es una puerta para la cooperación y con niños puede ser un punto de partida para el cambio social desde la escuela.”

En definitiva, el cambio al que más pronto que tarde ha de someterse la comunidad educativa ha de comenzar por los propios docentes. La forma de relacionarse, comunicar o el uso de nuevas herramientas –como las nuevas tecnologías- son las piedras angulares en torno a las que ha de conformarse el nuevo profesor.


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