Por redacción BlinkEdTech

Hace no demasiado tiempo poseer un grado universitario garantizaba un buen empleo y, en muchos casos, diversas opciones a elegir. Pero el cambio ha sido tan radical y tan rápido que esa ya parece una memoria lejana

La democratización de la enseñanza al largo de los años 90 y la década posterior, sucesivas crisis financieras afectando todo el mundo vía globalización, y un avance tecnológico galopante que condenó a cientos de profesiones a la obsolescencia fueron algunos de los principales factores responsables de una cierta irrelevancia de los títulos superiores a la que asistimos hoy.

¿Más es siempre mejor?

Para muchos alumnos, la respuesta más lógica a este fenómeno está siendo subir la apuesta. En una primera fase añadir un máster a sus grados era la práctica favorita, Luego aparecieron los dobles grados y ahora son los triples grados los que están de moda. Alumnos y padres parecen convencidos de que esa es la mejor manera de entrar en el mercado laboral lo más preparado posible. Con todo, pedagogos y expertos en recursos humanos manifiestan muchas dudas sobre la eficacia y los beneficios de este modelo de aprendizaje.

La idea original detrás de los grados múltiples tiene sentido en teoría. Agregar dos o tres cuerpos individuales del saber que puedan complementarse y dispensar varias asignaturas por duplicación o redundancia, parece sensato y lógico.

Además, un aprendizaje con muchas facetas puede generar polivalencias y así mejorar las posibilidades de un candidato por poder ofrecer a una empresa algo adicional de lo que los demás no disponen.

Un aprendizaje con muchas facetas puede generar polivalencias

No obstante, también es verdad que los distintos elementos del conocimiento multidisciplinar no siempre suman de forma linear. En varios casos “menos” puede realmente ser “más”.

Esencial para estudiar bien: saber vivir

En los Estados Unidos hace mucho tiempo que ese enfoque existe. Coger dos o tres “majors” – lo que define el núcleo académico esencial de un estudio superior – como física y matemática o economía y administración de empresas es algo muy común en países anglosajones desde mitad del siglo pasado. Sin embargo, las críticas siguen siendo hoy las mismas que hace 50 años: múltiples grados son especialmente agotantes para los alumnos, provocan una dispersión del aprendizaje, y al final muchas materias quedan apenas afloradas – ninguna de las disciplinas termina siendo estudiada en profundidad o debidamente asimilada.

Otro aspecto importante es el hecho de que muchos reclutadores y responsables de recursos humanos interpretan con frecuencia un grado múltiple como síntoma de indecisión e inseguridad de un candidato.

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Todos los alumnos que puedan estar ahora contemplando ingresar en un doble o triple grado deberían considerar que no solo de estudio se hace la universidad. En este período formativo tan importante en nuestras vidas hay que disfrutar. La palabra clave aquí es equilíbrio – ni entregarse sin reservas al ocio (intelectual u otro) ni encerrarse en la habitación absorbiendo conocimiento quedando después poco preparado para ponerlo en práctica en un entorno real.

Si el objetivo es impresionar eventuales empleadores, la universidad debe utilizarse como un momento para demostrar la creatividad, la curiosidad, el aprendizaje rápido y buenas competencias sociales.

Aprender a aprender

Algunas de los argumentos expuestos por diferentes profesionales en contra de los grados triples son:

  • Un triple grado no es para los intelectualmente curiosos. A quien le gusta aprender, más no tiene que hacer sino frecuentar una clase que le motive, sin preocupaciones sobre si se suma o no a un cualquier otro grado. Las personas que necesitan sus cursos para sumar a otros grado son las personas que más están condicionadas a aprender sólo por una recompensa externa. Los empleadores necesitan personas que mantengan su interés y curiosidad más allá del periodo de exámenes.
  • Un triple grado no exhibe creatividad. Dedicación y capacidad de sacrificio quizás, pero un proceso de reclutamiento suele valorar más otras características. Memorizar cientos o miles de páginas es un rechazo de la creatividad y no por eso revela un talento especial de parte de quien lo hace. En realidad, cumplir un plan de estudios tan extenso es seguir un camino previamente determinado por terceros, de forma obediente y disciplinada pero sin cualquier rasgo de improvisación.
  • Un triple grado es para tímidos. Una educación amplia y adecuada enseña a los alumnos a aprender bien rápidamente. No es una cuestión de títulos sino de entender los temas y saber identificar lo esencial para luego descartar lo accesorio. Estudiantes de administración de empresas por ejemplo requieren una amplia gama de conocimientos – escritura, finanzas, tecnología, psicología, sociología, historia, pero no necesitan un título para cada uno de ellos. No se aprenden todas las ideas en la universidad, pero se puede sí aprender a aprender nuevos conceptos rápidamente.
  • El tiempo dedicado a tantas asignaturas puede ser mejor utilizado en otros aprendizajes, talleres específicos, trabajo voluntario, etc. Si efectivamente el gran objetivo de un alumno que se matricula en un triple grado es tener el mejor trayecto profesional posible, entonces es en habilidades sociales e inteligencia emocional que más debe invertir.

J. Lee Anthony, docente formado por las universidades de UC Berkeley y Stanford y que ahora imparte clases en Harvard comentaba el tema en Quora:

“En mi caso, elegí Ciencias de la Computación y Matemáticas. Comencé en Matemáticas y luego me transferí al Colegio de Ingeniería, donde cogí Ciencias de la Computación y Ingeniería Informática. En realidad se trataba de un triple grado. Francamente no hay ninguna ventaja (en hacerlo). Hubiera sido mejor completar la licenciatura y hacer un máster”.

Jack of all trades…

Vasantha Narayan, otro docente, refuerza la idea en la misma publicación:

“Muchos y muchos estudios. Cogí física, química y matemática así que siempre estaba rodeado de libros, papeles e impresos. Pero una cosa que definitivamente debería decir es que, es como “Jack de todos los oficios y maestro de ninguno”.

Es decir, un catacaldos.

“Por ejemplo, mi conocimiento de la física será sin duda menos que una persona que solo haya estudiado física. Lo hice porque quería aprender más en menos tiempo y llegar a maestro pronto”.

En España todavía no son muchas las universidades ofreciendo triples grados pero el fenómeno está creciendo, aunque sobre todo en grados no técnicos como el triple grado que la Universidad Europea de Madrid ofrece en Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad.

Con un mercado laboral cada día más complejo, disputado y necesitado de trabajadores con mayores niveles de especialización, es comprensible que la idea de un doble o triple grado agrade a los alumnos y a sus padres. Habrá como todo que reflexionar sobre si este modelo de estudio es lo más adecuado respecto a los objetivos que quieren cumplirse. 

Y tú, ¿qué opinas? ¿A favor o en contra?


Referencias


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